04 mayo 2017

RESEÑA: Marina, de Carlos Ruíz-Zafón









En la Barcelona de 1980 Óscar Drai sueña despierto, deslumbrado por los palacetes modernistas cercanos al internado en el que estudia. En una de sus escapadas conoce a Marina, una chica delicada de salud que comparte con Óscar la aventura de adentrarse en un enigma doloroso del pasado de la ciudad. Un misterioso personaje de la posguerra se propuso el mayor desafío imaginable, pero su ambición lo arrastró por sendas siniestras cuyas consecuencias debe pagar alguien todavía hoy.




Cuando uno lee un libro de Carlos Ruíz-Zafón ya sabe qué se va a encontrar entre sus páginas: un protagonista osado (e inconsciente a veces) que busca respuestas aún a riesgo de poner su vida en peligro, un primer amor casi imposible, personajes secundarios que, con sus testimonios, tejen una complicada tela de araña de sucesos y medias verdades y un villano a veces carente de rasgos humanos que escenifican los peores males que pueden corromper al hombre.

Y todo esto aderezado con una pizca de terror que te mantiene el ¡ay! en el cuerpo durante unas cientos de páginas que se quedan cortas.

Y funciona, aunque todas sus novelas sigan el mismo esquema.

Con Marina volvemos a adentrarnos en la parte oscura y peligrosa de la Barcelona de los años ochenta donde el mal habita no solo en las esquinas y recovecos oscuros de la ciudad, sino en las miradas de aquellos que han visto demasiados horrores en su vida y que les ha marcado más que la cicatriz de una cuchillada. Desde luego, es el mejor escenario para una buena novela de misterio.

Aquí nos encontramos con Óscar Drai y, como muchos de los protagonistas de Zafón, procede de una familia disfuncional o poco común y que siente que no ha encontrado aún su lugar en el mundo. Sus padres están demasiado ocupados trabajando para prestarle atención y él pasa todo el curso escolar en el internado. Como muchos adolescentes de su edad, sueña con vivir aventuras fuera de los muros del colegio y es en una de sus escapadas cuando conoce a Marina. Su primer encuentro está lleno de misterios y el primero de todos ellos es la propia Marina. Surgida como una aparición, consigue aletear el corazón del joven Óscar.

A esa fascinación que siente por la joven y su excéntrico padre, se le suma la aparición de otro misterio más grande, peligroso y oscuro en forma de una mujer vestida de negro con un velo cubriéndole la cara. Lo que en un principio parecía ser una aventura guiada más por la curiosidad que por la sensatez, resulta ser el preludio de un viaje de cuyo tren no será tan fácil bajar sin perder algo más que la vida.

A veces, es más doloroso perder la inocencia de la juventud.

En Marina no hay tiempo para relajarse y tomar una bocanada de aire antes del siguiente sobresalto; no puedes apenas darte cuenta de lo que está pasando hasta que te ha golpeado con fuerza. Ningún autor consigue engancharme tanto con un libro, consigue que me sumerja sin piedad entre sus páginas. Tiene un nivel de enganche acojonante, como todos lo de Zafón, a decir verdad.

Los personajes, cuidadosamente planteados, son complejos y con tantas caras y facetas que acabas la novela y no sabes quién era el villano y quién el héroe. Quizá porque cada uno de ellos tiene un poco de todo, no hay un adjetivo concreto. Son personajes llenos de matices.

Lo que me ha gustado de Marina especialmente, es que no se ha ido por las ramas. Al tratarse de una novela más bien corta (si la comparamos con El laberinto de los espíritus), la acción pasa mucho más deprisa y no hay lugar para divagaciones ni datos que carecen de interés para el desarrollo de la trama.

Solo me queda decir que, al que le guste una buena novela de misterio, tiene en Carlos Ruíz-Zafón su máximo exponente.


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